Barra Superior Difuminada
                      

TESTIMONIO DE VIDA

PASTOR LIC. LUIS J. VALDERA

 

Nací en la provincia La Vega, República Dominicana, el 12 de septiembre de 1955.  Procurando mis padres mejorías económicas y sociales, y un horizonte más prometedor para los diez hijos que habían procreado, cuando tenia ocho años de edad nos trasladamos a la ciudad de Santo Domingo.  Una vez establecidos, comencé desde temprana edad a realizar trabajos informales para ayudar económicamente a mis padres y costear mis estudios académicos.  Años más tarde me gradué de Contador Público Autorizado en la Universidad Dominicana O & M.

 

Durante los años de mi segunda adolescencia, conocí una hermosa y maravillosa joven, llamada Aurelina Rosimarys Feliz, con quien contraje nupcias y el Señor adornó nuestro jardín matrimonial regalándonos por hijas tres bellas rosas, a quienes pusimos por nombre JOHANNA, PATRICIA Y ROSSIL.

 

Mi vida laboral se desarrolló principalmente en la Compañía de Seguros “CARIBALICO”, de donde, con 23 años de servicio, renuncié para dedicarme a tiempo completo a la obra del Señor cuando recibí convicción del llamado al ministerio.

 

En mi hogar paterno me desarrollé bajo el esquema religioso tradicional, del cual participé de manera activa hasta la adolescencia.  Sin embargo me alejé de la religión, pues toda la religiosidad que practicaba no creaba en mi ninguna convicción, ni me proporcionaba ninguna satisfacción espiritual.

 

Desde los 15 hasta los 33 años estuve viviendo completamente alejado de Dios, no deseaba participar de ningún tipo de actividad religiosa, pues por un lado conocía la sequedad espiritual del catolicismo, y por el otro lado tenía un mal concepto sobre los evangélicos, por tanto prefería mantenerme al margen de ambos.  No obstante, sentía un gran vacío espiritual en mi vida, y una gran necesidad de acercarme a Dios.

 

Fue entonces cuando una persona comenzó a hablarme sobre el evangelio y a invitarme a visitar la Iglesia cristiana.  Durante año y medio estuve rehuyendo su invitación, hasta que finalmente un Domingo tuve que complacerla y asistí acompañado de mi familia a un servicio matinal.  Fue el 18 de septiembre de 1988.  El pastor predicó un mensaje sobre Juan capítulo 3, ”El encuentro de Jesús con Nicodemo y el nuevo nacimiento”.

 

Durante  ese mensaje comprendí que en la condición en que me encontraba no entraría al reino de los cielos, pues no había nacido de nuevo.  Con ese mensaje además entendí el plan de salvación de Dios: El Espíritu Santo me dió convicción de pecado, justicia y juicio, y movió mi corazón al arrepentimiento y ese día me convertí a Jesucristo. Mi sorpresa fue grande, cuando noté que mi esposa también se había convertido.

 

Muy pronto noté cómo el Señor estaba transformando mi vida y la de mi esposa. En el mes de febrero de 1989 nos bautizamos mientras asistíamos a nuestro primer campamento con la Iglesia, y más adelante, nuestras tres hijas también fueron entregándose al Señor, y así  Dios completó su obra de salvación en toda la familia.

 

Después de mi bautizmo, el Señor me fue dando la oportunidad de trabajar en diversas áreas de la Iglesia, y comenzó a inquietarme sobre dedicarme a su obra.  Finalmente me dió convicción de su llamamiento, por lo que entonces salí del trabajo secular, para dedicarme a tiempo completo al ministerio.
 
Durante el tiempo que llevo sirviendo al Señor en su obra, he sentido en todo tiempo la mano poderosa de Dios dirigiendo mi vida.  Estoy gozoso y agradecido por la oportunidad, y estoy seguro de que no hay una mayor satisfacción que invertir la vida sirviendo al Señor.

 

Pido oraciones por mí y mi familia, para que el Señor me fortalezca y capacite para servirle cada día mejor, me preserve puro de la contaminación del pecado, me ayude a mantenerme firme en su obra, actuando con un propósito genuino de glorificar solo a Dios con cada cosa que hago.

 

Que el Señor les bendiga.